“Vivir en un zulo me ha hecho muy feliz”

21 abril 2010 por nokiero en Persons

“Ahora tengo una vida independiente y alejada del mundanal ruido”. Contento, dicharachero y feliz, muy feliz. Así se muestra Álvaro Sorovillos, quien desde hace dos años vive encantado en su nuevo hogar: un zulo de 3 metros cuadrados soterrado bajo un bosque del Pirineo aragonés.

Álvaro, completamente eufórico en su hogar en propiedad

Álvaro concedió una entrevista privada a Enviado Especial desde su modesta casa. “Fue una ganga. Cuando estalló la burbuja inmobiliaria vi la oportunidad perfecta para irme de casa de mis padres, a lo que hay que unir que ya tengo 44 años“, comenta Álvaro. “Como todo el mundo sabe, con la crisis y la competencia de los minipisos que pretendía lanzar el Gobierno, los precios del mercado de los zulos se pusieron por los suelos: había que lanzarse a por uno y acerté”.

Este jardinero y aficionado a hacer maquetas en medio del bosque tuvo la suerte de cara y pronto pudo adquirir su vivienda. “Vine al bosque a practicar mi hobby preferido, hacer maquetas de monumentos románicos sin apenas ropa para sentirme en libertad plena. Entonces se me acercó un joven encapuchado muy agradable que me enseñó el apartamento y en seguida supe que aquí pasaría el resto de mi vida… me pareció tan acogedor y austero…”, dice risueñamente.

“El tipo era genial, simpático a tope, y aún conservo las fotos de sus vacaciones que adornaban las paredes. Una pena que no me pudiese haber despedido de él, porque salió corriendo a toda pastilla, supongo que por la alegría que le produjo hacerme feliz”.

Sobre las posibles limitaciones que conlleva vivir en un zulo, Álvaro les quita importancia: “Dormir en posición fetal en una cama tallada en piedra al principio es raro, pero a todo se acostumbra uno”. En cuanto a la humedad en las paredes, nuestro simpático amigo está convencido de que “son las caras de Bélmez, que han venido a hacerme compañía y a sonreírme”.

A él tampoco se le va la sonrisa de la cara a pesar de que apenas ve la luz del sol y argumenta que aunque se está quedando mustio y algo enmohecido todo se debe a que es “una persona muy casera”. “Antes salía, pero aprendí a disfrutar del hogar en propiedad, algo que no pueden decir muchos a quienes las hipotecas no les permitirán ser libres en su vida. A esta gente sólo les animo a que den el paso y que se muden a un zulo. No se arrepentirán y si lo hacen, nadie podrá escucharles”. Claro que sí, fenómeno, claro que sí.

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