Se lleva a juicio a sí mismo

15 agosto 2009 por Xabi Luna en Nacional

Momento de confusión en el que Raimundo no sabía si hacia de testigo o de acosador

Raimundo Freser, un ciudadano y empleado cualquiera, uno más de tantos anónimos que sufre en silencio el maltrato, el acoso, la violación y el intento de homicidio. Uno más, hasta que decidió pasar de víctima anónima a valiente acusador para denunciar a su jefe.

Con el beneplácito de la Policía Local acompañamos a Raimundo junto con dos de sus agentes al arresto en el domicilio de su jefe. Desde el coche y junto al denunciante vimos como los agentes llamaban a la puerta repetidas veces sin respuesta. Parecía que, de nuevo, un delincuente sin escrúpulos iba a librarse de su pena. ”Si es necesario haré acampada para grabar como se llevan a ese cerdo”, recuerdo que le comenté a mi compañero.

“Si me disculpan, tengo que abrir la puerta, yo vivo ahí”. Raimundo salió del coche, les dijo algo a los agentes, sacó la llave del bolsillo, abrió la puerta y entró en su casa. Los agentes se miraron sin saber qué hacer, hasta que uno llamó al timbre. El denunciante abrió la puerta e intentó escaparse. Los agentes le redujeron y le leyeron sus derechos. Lo último que oímos fue: “Maldito marica, después de lo que te he dado y me haces esto, como te pille te mato”. Raimundo resultó ser su propio acosador. Eso, no nos lo esperábamos.

Tres semanas después comenzó el juicio con un testigo, un acosado y un acosador, los tres llamados Raimundo Freser. El juicio fue muy complicado, ya que ninguno de los tres sabía dónde se tenía que sentar. Al final el juez puso a Raimundo en mitad de la sala desde donde hacía de testigo, de denunciante y denunciado y que los abogados hicieran lo que se les ocurriese. La complicación del juicio fue que tanto el testigo, como la víctima de acoso, como el presunto violador se desdecían constantemente para confusión de los presentes en la sala durante los siete años que duró el juici

El resumen de las declaraciones viene a decir que un buen día Raimundo comenzó a trabajar en una pequeña imprenta junto a un señor mayor que era el dueño del local y su jefe al que obedecía diligentemente. Al año su jefe se jubiló y le cedió el negocio. De empleado pasó a jefe, su propio jefe. El continuó con la administración de la imprenta, a la vez que asumió la responsabilidad del local. La relación jefe empleado no era muy buena, pero se soportaba. Un día hubo una mirada en el espejo, otro, un tocamiento inocente con el meñique, más tarde le acompañó a casa, hasta que al final su jefe le desnudo en el cuarto de baño y le forzó

Cuando el Juez se cansó de todo: ”Raimundo Freser Parredo, queda usted sentenciado a 14 años de cárcel, sin fianza en la penitenciaría de Valladolid”. Raimundo se abrazó a su abogado sacó un espejo del bolsillo, se miró y escupió: “Ojalá te pudras en la cárcel por muchos años, pervertido”. Acto seguido fue al abogado defensor y resignado admitió que poco más se podía hacer, las pruebas eran demasiado concluyentes. Le esposaron y salió de la sala perseguido de la mirada del jurado, el juez y cualquiera que pudo presenciar ese circo.

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