Obligan a Peter Pan a jubilarse anticipadamente

15 abril 2011 por jorjo en Nacional

Vuelven a repicar campanas de duelo por la esperanza de un obrero. Una denuncia al Ministerio de Trabajo por parte de tu padre, representante de la Patronal,  ha condenado al eterno adolescente, Peter Pan, a colgar su daga y sus zapatos de duende. Mediante una serie de presiones, con muy poca audiencia por cierto, ha sido obligado a firmar una forzosa jubilación anticipada.

Eran tiempos felices. Peter Pan volando alegremente.

Esta canallada laboral ha sido orquestada desde las más altas cúpulas de poder. La fuerza social y el apoyo masivo que poco a poco estaba granjeándose el grupo independiente y revolucionario de Los Niños Perdidos, asustaba sobremanera a quienes manejan los hilos. Ese joven brío que defiende el alegre bullicio, la fiesta eterna y la risa contagiosa preocupa según en qué manos este. El objetivo de desestabilizar al clan se ha conseguido. Los Niños Perdidos se quedan sin líder, y sin una figura rebelde que les motive se han desperdigado rápidamente bajo la lluvia, perdiendo así su carácter indomable y la frescura de su resistencia.

Este hecho continúa también la estela de la política laboral decretada en el país de Nunca-Jamás basada estrictamente en los recortes. Primero fue el ERE que sufrieron los indios salvajes, luego el recorte que sufrió en su mano el Capitán Grafio y más tarde nos sorprendió el despido procedente de Campanilla por acoso sexual. Ahora sajan de raíz y de injusta manera la inspiradora vitalidad de este grácil zagal, que negándose a madurar imbuía en cada uno de nosotros sueños llenos de diversión y fantasía. Décadas dedicadas a luchar contra el crecimiento hormonal, el aburrimiento y la gente seria con traje no han tenido, ni el reconocimiento adecuado ni la más mínima recompensa. Pedro Sartén sobrevivirá con una pobre pensión mensual de 35 caramelos. Eso sí, caramelos Drácula.

A partir de ahora las horas de nuestro amigo amante de las mallas viajarán despacio, sin prisa, en continua y desesperante desidia. Los únicos entretenimientos de los que podrá, digámoslo amablemente “disfrutar”, serán el pasatiempo nacional de contemplar extasiado obras y apuntarse a la tuna del asilo, ambas experiencias relacionadas íntimamente con la inducción al suicidio. Antiguamente, si deseabas ver a Peter, solo tenías que girar en la segunda estrella a la derecha y volar hasta el amanecer. Ahora, con solo acercarte al comedor social de tu barrio, le podrás ver en un rincón lamiendo un plato de judías pintas.

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