La escalofriante historia de Aníbal Léctor, el caníbal de la calle 42

8 junio 2009 por Xabi Luna en Cultura y Nacional

Entre aplausos y escalofríos fue presentada la película favorita para ganar el Festival de Cine de Valladolid. “Los libreros se cagarán de miedo, no habrá papel en el mundo para limpiar sus culitos sucios”. Así de contundente se mostró el director de la recién estrenada versión del crimen literario basada en hechos reales, Jimmy Donovan. El ingenioso autor concede una entrevista en exclusiva a Enviado Especial para hablar de su obra.

Todo empezó un día en el que su asesor de mascotas calzó la mesa con ‘La Metamorfosis’ de Kafka. “Aquel gesto me llegó al alma. Comencé a investigar en el archivo general hasta que encontré un documento en el que contaba una terrible historia de atrocidades lingüísticas. Por supuesto, aquel suceso de finales de los 50 se ocultó para no crear la alarma social. Invadieron Vietnam para desviar la atención, pero un asesino como aquel no podía pasar al ostracismo de los archivos y no cumplir su condena social”.

Jimmy Donovan habló de su opera prima sin tapujos. “Sé que destapar estos hechos va a ser muy duro para muchos, ¡pero tenía que hacerlo, joder, mi abuelo fue bibliotecario!”. Nos contó cómo el 8 de enero de 1956 se encontró el primer resto de cientos de crímenes que después vendrían. Una esquina de la página 107 de ‘Crimen y castigo’ debajo de una alfombra en un apartamento de Manhattan. Fue ese indicio el que el detective Morrigan necesitó para sospechar que algo gordo se les venía encima. “Aquel asesino era muy bueno, de repente era un libro de una biblioteca, como de una librería o de un lector despistado en el parque. Los libros iban desapareciendo y ya no volvían jamás. La investigación fue muy dura, pero algún fallo cometería y así fue. Su sed de libros era muy grande y comenzó a dejar pistas hasta que le pillaron in fraganti“.

“Debo admitir que ese tío era muy bueno, cuando nadie se daba cuenta se ponía a leer un libro, tenía una capacidad lectora fuera de lo normal. Así es como enamoraba a sus libros, leyéndolos con atención, sin doblarles las páginas, sin dejarlos al sol. Pero lo que parecía un sueño que no levantaba sospechas se convirtió en pesadilla para los clásicos, porque este demente no leía cualquier cosa, era un erudito. Se los lleva a casa, los acariciaba, los leía en alto y de repente les arrancaba una esquina.

Eso le gustaba, que sufrieran. Los devoraba lentamente. “De pequeño me obsesionaron con eso de que leía muy rápido y devoraba libros, al final acabé probando uno y ese gourmet literario era un placer en mi boca”, confesó este asesino, llamado Anibal Léctor, ‘el caníbal de la calle 42’. “Era muy listo. Cuando rellenaba solicitudes cometía muchas faltas de ortografía, por eso tardamos tanto en pillarle”.

“Un argumento terroríficamente real. Duro y probablemente difícil de asumir por los bibliotecarios y libreros de este mundo, pero no por eso vamos a dejar de ver esta reveladora historia real”. Así concluyó el joven director nuestra entrevista.

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